Signo.
por Oscar Ramón Padilla Bustos
“De pronto, he sido Tales de Mileto. He visto la historia entera de las cosas, y entre las cosas, los hombres...He abierto mis grandes y amplias cejas, el cristalino brillo de mis ojos fue iluminado por luz intensa... y de pronto: un caballo, un ejercito, mares infinitos, todo paso a mi lado y lo contemplé con amplitud... mientras en mí crecía el silencio...Y el silencio me despertó. Había estado viendo el cielo. Las nubes y sus infinitas formas. ¡Es tan solo agua! He sido Tales de Mileto, he sido muchos más...”
Oscar Ramón Padilla Bustos
I.- Introducción.
Varios milenios de tradiciones filosóficas, científicas, religiosas y artísticas nos han enseñado que lo que es, en cuanto es, se manifiesta en muy diversas formas. Cada filósofo en la historia, escriba o no metafísica explícitamente, presupone ya el ser mismo como fundamento y fondo último de lo existente de una u otra manera, y de esta forma el ser se ha aprehendido de incontables formas y en innumerables sentidos.
Sin embargo, si bien el ser puede ser considerado tan blanco como negro (En formas y sentidos totalmente opuestos), "Antes" (y este antes no se sitúa en el tiempo) que ser cualquier otra cosa, el ser simplemente "es", sin ser de una u otra forma sino siendo, en infinidad de formas, incluso en aquellas formas en las que se aparenta el no ser.
En esto, la metafísica no ha sido en ningún sentido, ni la realidad última, ni su estudio, como algunos pretenden, sino que es "su historia", o la "historia del ser", en último término.
Por ello la realidad ultima no se encontrará ni en la física ni en la metafísica, como tantos quisieran, ni en alguna otra forma que adquiera el conocimiento, sino que ella misma se encuentra justo "detrás" de todo aquello, y es en ultima instancia su fundamento.
II.-
Todo lenguaje pre-sub-pone al ser como su fundamento y base, y es en sí, ya una metafísica. Retomando la "definición" anterior, la metafísica es la historia del ser.
Simultáneamente, la historia del ser no es una, ni es contada en un solo sentido, sino que puede ser contada de muchas formas:
Una de las historias del ser nos cuenta que un dios derivó en mundo. Otra historia explica que el universo(materia) alguna vez estuvo comprimido entero en un punto que asimilaba la nada.
Sin embargo, ninguna "historia del ser" se encuentra culminada, Tiende al ser, sin ser nunca plena y por ello nunca completa. Puesto que lo que es, es plenamente: sin "forma", sin "atributo" ni "límite": El ser no puede reducirse a la historia del ser.
Ahora, todo y cada ente, en cuanto muestra (el) ser relativamente (en su relación con otros entes) contiene el ser íntegro en cada una de sus partes, a manera de signo. Por ello mismo cada cosa en cuanto "cosa" , e "individual", "percibida", puede "contarnos"/"darnos", si sabemos "escuchar"/"pedir" correctamente, la historia entera del ser. Puesto que cualquier ente es ente, y en cuanto tal, manifiesta ser. Manifestar ser es significar ser, por lo que lo ente es signo del ser. E igualmente cualquier signo es signo, y los signos, signos son.
Podemos encontrar el numero uno en la singularidad un árbol y encontrar un árbol en la figura que asemeja una construcción matemática vista de lejos (fractal), podemos ver lo divino en lo contingente, como hacen las teologías que atribuyen un origen divino al ser humano. Puede aparecérsenos lo profano en medio de lo sagrado al señalar la pederastia de un religioso. Se puede poetizar por ello el ser, pero el poeta no habla, ni narra, ni escribe: sus palabras se disuelven en ecos vanos para los oídos de quienes los escuchan, para dar lugar a un canto que emerge sin ser oído: sin estar siquiera escrito en notas. Y ese canto, puede ser cualquier otra cosa:
Quienes escuchan el canto del poeta pueden embelesarse en un goce sordo por el canto, o pueden hacer del canto signo de otra cosa, como un himno exalta al orgullo, una fuga en órgano a la solemnidad, o las percusiones rítmicas, que por su constancia y persistencia mantienen en trance a los danzantes, que por su movimiento pueden significar la vida en su más puro y constante devenir, en una danza que también puede significar amistad o batalla, igualdad o diferencia, y justamente la diferencia, en cuanto oposición, pueden significar el ser y el no ser.
Así como nieve(blanco) es la metáfora "ideal" para el rostro del niño, en tanto signo de la inocencia, puesto que la inocencia se entiende justamente como la ausencia de mácula ante la enviciada condición humana (y lo blanco en este caso es, lo limpio, lo inmaculado.)
Metaforizar no es otra cosa que hacer ver en una cosa, otra cosa. Equiparar seres. A la primera se opone a una segunda, y en esa misma oposición se puede manifestar el ser(no ser) entero también.
Decir que "una cosa lleva a la otra" puede significar en un momento determinado el que "un hecho se entiende por medio de sus relaciones, lo que es decir que cada hecho tiene tanto una causa como un efecto, siendo ambos causa y efecto otros hechos" como puede significar en otro momento el que "una metáfora expresa el ser de algo, con el ser de otro separado del primero, que es mas conocido en el aspecto que se quiere mostrar que el primero."
En tanto el signo no es signo de ninguna cosa en particular, sino que puede significar "cualquier cosa", puede significar ya tanto la Crítica de la Razón Pura, como el Baghavad-Gita, Una simple piedra que puede ser también signo de la "dureza" palpable de lo real.
III.-
Mi epilogo para toda filosofía reza con el griego Metrocles, "han sido éstas, imágenes soñadas, y pura fantasía". Pues todo conocimiento en ultima instancia, un castillo que flota en el aire.
Uno no cuestiona lo religioso si se entiende / cree que el sacerdote o texto sagrado es el mediador entre dios y el mundo. Puesto que si algún Dios ha develado su mensaje divino a los seres inferiores (ya sea por medio de textos sagrados, o profetas,...) sería un contrasentido que mintiese.
De la misma manera, no se cuestiona lo científico si se acepta de antemano la inteligibilidad del mundo bajo el principio de razón suficiente y su expresabilidad en el lenguaje.
Ahora, cada lenguaje se "ve a sí mismo" como capaz de expresar en ultimo término la totalidad de lo existente en tanto realidad ultima, porque en efecto cada lenguaje conoce "a su manera" la totalidad de lo existente. En este sentido no se encuentran separados unos de los otros, sino más bien cada uno es idéntico a los demás. Pues en tanto cada lenguaje puede conocer en principio la totalidad de lo existente, y cada lenguaje es en sí mismo parte de la totalidad de lo existente, "el lenguaje se conoce a sí mismo"
IV.-
El conocimiento verdadero y por ende la correcta expresión del ser es aquella que expresa al ser completo. De esto se sigue que no hay más que un solo conocimiento, cosa que nunca se ha negado: sin embargo se ha insistido en varias formas del conocimiento, y "sabemos" que todo saber no se expresa en una sola sentencia, sino en muchas (la ciencia, como la religión, etc., se componen de una ordenación sistemática de muchos "conocimientos". Sin embargo, ningún conocimiento es conocimiento por si mismo, sino en tanto ya implica el conocimiento de todo lo demás, la totalidad de lo existente. Así es que "decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra..."
El ser se ha entendido de diversas formas, y aun cuando se ha considerado en distintas ocasiones ya, bajo la misma forma, también ha sido considerado en distintos sentidos: El ser en cuanto materia (Marx-Cientificismo Positivo), el ser en tanto idea(Platón, Hegel), el ser en tanto deseo(Schopenhauer, Nietzsche), el ser en tanto tiempo(Agustín, Heidegger), el ser en cuanto vida, en cuanto muerte, en cuanto...
O dos, o muchos, o un dios que no es dios, o...
Un camino trazado "a través" del ser humano que tiende a lo divino.
Puesto que la existencia del mundo no necesita demostración, sino que es al contrario lo que siempre se nos está demostrando en sensaciones, como lo corrobora el dolor de un golpe.
. Esta no es una referencia al "problema" que debate de la existencia del mundo, sino una referencia a la falta de necesidad (ontológica) para que el conjunto de lo existente sea de una forma determinada (de la forma conocida) y no de otra.
Borges, Jorge Luis – La escritura del dios (cuento), Pág. 137, de: "El aleph"(antología), Alianza Editorial